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Compasión tornada a miedo

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Saludos a todos Añadir leyenda Hacía frio, tanto que los charcos de la lluvia se habían congelado, y formaban parte del entretenimiento de los niños en sus tardes de juegos de gélido invierno, lanzándoles piedras y así comprobar el grosor del hielo, siendo esos centímetros el medidor del frío nocturno caído a la madre tierra. Algunas tuberías se congelaban y estallaban con las incipientes luces del día, justo cuando más frio hacía, al amanecer, y por ende el trabajo de los fontaneros se multiplicaba en esas jornadas invernales extremas.  Las calles estaban adornadas con las luces navideñas, apagadas por el día, y brillantes y muy coloridas resplandecían durante toda la noche desde el ocaso hasta el orto. Las vacaciones de Navidad en el colegio eran una alegría para los más pequeños de la casa, sus juegos, sus risas, sus cambios de horarios, incluso sus aburrimientos eran patentes en esos días, ya faltaba muy poco para que dieran comienzo esos esperados espacios de tiempo ...

Infinita compasión

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Saludos Sobre el techo del mundo, en un lugar recóndito y pedregoso entre montañas, se encuentra el mayor centro de conocimiento jamás constado sobre la faz de la tierra.  En el mismísimo eje armonioso de ese lugar, al comienzo de Satyá-iuga, fue construido un monasterio iniciático que perdura en el tiempo hasta estos días de Kali-iuga. En su fachada principal, sobre piedra viva, en sánscrito está escrito “ el bienestar general de toda la humanidad vendrá de la infinita compasión que toda persona encierra en su forma: siendo ésta compasiva en sus actos con todo ser sintiente con quien innegablemente está interrelacionada ”.  Siguiendo las profecías de los Cuatro iugas, con gran maestría, la construcción del monasterio fue orientada al Norte ya que según estas: Kalki, descenderá a la Tierra y, entrará por el Norte, montado sobre un hermoso caballo blanco y blandiendo su gran espada dorada destruirá todo cuanto le dé la espalda, para después, desde la infinita compasión ...

Carmen María de Carboneros

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Saludos Desde la sempiternidad, ante los viajes del tiempo y sus caminantes; todo cuanto aquí acontece fue narrado en primera persona por el Guardián de Tesoros, allá, a principios del siglo XXI para que quedara ante las vidas y postrimerías de cuantos vivieran en los tiempos venideros y en memoria de los que precedieran. Y llegaron: gráciles de silueta como de pertenencias. Unos, desde el Norte hacia el Sur, andando por el camino real que sentaba justo al finalizar la falda del Cerro de los Ladrones. Otros, lo hicieron, desde el Sur hacia el Norte, paso tras paso, quedándose a una larga legua del mismo Cerro de los Ladrones. Y el rey, de la mano de un limano con gran debilidad por la mazamorra y al cual puso como intendente, había dispuesto tan anchuroso terruño para aquellos animados oriundos de centro Europa. Todo estaba establecido, llegaban a un paraíso donde sus palmeras echaban naranjas y, por haber acudido, tomarían los reales de a 8 apuntados y no dados por cabeza al...

Colonia alemana en Carboneros

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Saludos a todos. Sonaron las doce de la noche en punto con las señales horarias del reloj cucú que le habían traído desde la mismísima Selva Negra, su casita hecha con la madera de aquel bosque, todos aquellos detalles conseguían que sus ojos centelleasen y su corazón volara nada más escucharlo, incluso la tarea de izar sus pesas con sus cadenas en polea le suponía un gesto que transmitía historia de su anterior vida añorada y querida tierra alemana. La chimenea era el centro de la habitación, él fijó la mirada en aquellos leños que con el color incandescente de las ascuas amenazaban con acabar en cenizas en breve; quiso aprovechar aquel calor y aquella luz antes de que la oscuridad se cerniera en aquel cálido habitáculo y acercó la mecedora color miel al hogar, tomó asiento con la pesadez de un cuerpo cansado por un largo día de trabajo y suspiró sin saber porque. Asió la pipa que le había regalado su padre en la que le gustaba fumar y situaba en la cornisa de la chimenea ...

El café

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Saludos. Las casas unifamiliares y edificios de pisos se funden con sus habitantes entre monumentos históricos e iglesias rancias y modernas. Entre dos calles, de su casco antiguo, haciendo esquina se encuentra un pequeño café cuyo local, completamente cuadrado y aventanado , con un tenue suelo de baldosas blancas y negras como si de un gastado tablero de ajedrez se tratará se sirve el mejor café arábigo de toda la ciudad. Sobre la pared frontal de la entrada se encuentra la barra, de maderas nobles y algunos detalles de fina cerámica discretamente azulada. Tras la barra, pegada a la pared, sobre una mesa-repisa de trabajo, reposa una dorada cafetera de dos brazos que entre pequeñísimas nubes valorizadas dejan visualizar el correr de los chorros en hilos de color negro y cremoso café que desembocan en las tazas.   Todas las mañanas, a las doce, el camarero, un hombre de unos cuarenta años, alto, moreno, peinado hacia atrás, con camisa y chaqueta blanca, pajarita y pa...

Se miró al espejo

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Saludos a todos. Se miró al espejo y terminó de ajustarse la pajarita, le gustaba, era un toque negro en su elegante camisa blanca, sonrió y se dijo con un gesto apretando los labios que estaba preparado para otro día más. Cogió las llaves que abrirían la puerta de entrada de la cafetería, hundió su mano en el bolsillo jugueteando con ellas, le gustaba el soniquete que producía la chispa que le recordaba lo que a media mañana, justo a la hora del Ángelus tenía, quería y deseaba hacer como un inefable reloj suizo. La cafetera del bar fue su primera adquisición y aunque era de segunda mano, hacía el mejor café de la ciudad, siempre brillante, inamovible y envuelta con el aroma del café recién hecho dispuesta a deleitar a cualquiera que pasara por aquel establecimiento. Los desayunos en Bagá eran servidos a gusto del cliente, personales, nada establecidos, no había carta donde se ofreciera lo que debían desayunar, pero el café si era un clásico, insustituible e inmejorable. Tod...